Introducciòn

Pensar con el cuerpo es el modo mas inteligente de usar el cerebro” 

Luca Landó 

(neurobiólogo y periodista científico)

Las neurociencias han confirmado definitivamente el hecho 

de que pensamos, sentimos e imaginamos con todo el cuerpo, 

no solo con el cerebro” 

Ginette Paris 

(psicoanalista, escritora y profesora del Pacifica Graduate Institute, S. Bárbara, CA)

Pensar con el cuerpo es una invitación a hacer 

un recorrido experiencial que nos  puede acercar a aquello que no puede ofrecernos una comprensión exclusivamente intelectual.” 

Fabrizio Andreella 

(ensayista y  profesor de Historia de las Ideas y del Pensamiento)

En un futuro próximo la posibilidad de pensar con todo el cuerpo se comprenderá mejor y esto llevará a revolucionar y a ampliar la manera de enseñar ciencias como la psicología o la biología. Este libro anticipa, de un modo interesante y perspicaz, cuál será el camino a recorrer” 

Frank Wildman 

(Licenciado en Biología, Doctor en Psicologia Somática, trainer del Método Feldenkrais)

 

Gracias a la difusión de técnicas corporales basadas en una escucha profunda de las sensaciones físicas – ya sean orientales, como la Meditación, el Tai Chi y algunos tipos de Yoga, u occidentales, como la Terapia Craneosacral y el Método Feldenkrais – se ha producido una progresiva apertura al cultivo de la percepción interna de nuestro cuerpo. De esta nueva forma de observación ha surgido un nueva manera de estudiar la anatomía que se aleja del enfoque cognitivo, como es el caso de la anatomía que se estudia en la escuela, para adopTar un enfoque esencialmente “experiencial”.

Es suficiente participar en una sesión de Anatomía Experiencial, o de alguna de las técnicas corporales que acabamos de mencionar, para que surja en nuestra conciencia una comprensión del cuerpo totalmente distinta de la que aporta el enfoque de la anatomía clásica. La primera nace de la percepción interna de los seres vivos, la segunda de la percepción externa de los cadáveres. La primera se fundamenta en el papel crucial del tejido conectivo (la trama fibrosa que organiza y da forma al cuerpo); la segunda lo ignora y lo elimina sistemáticamente para ofrecernos imágenes de huesos, músculos y órganos sin la “piel”, sin la red conectival, que los comprende. Para darnos cuenta de que el enfoque clásico no deja ni rastro del tejido conectivo, basta con echar un vistazo a las ilustraciones de cualquier atlas de anatomía.

La experiencia de la percepción del propio cuerpo nos permite sentir como el interior de nuestro cuerpo se reorganiza en relación a nuestra identidad (primera parte del libro), a las etapas y a las estrategias de la vida (segunda parte), a diferentes aspectos de nuestra vida como son los espacios, tiempos, relaciones, trabajo, moda (tercera parte) y, finalmente, como podría ser una relación con nosotros mismos y con nuestra salud si nuestra vida no se organizase a partir de ideas abstractas y externas, sino de nuestro interior (cuarta parte)

Puesto que la red neuroconectiva*, que permea todo el cuerpo, es muy sensible y está llena de terminaciones nerviosas, sus cambios pueden ser fácilmente perceptibles en cuanto nos decidimos a prestarles más atención.

El sistema nervioso ha sido concebido para evolucionar por un motivo tan sencillo como fundamental: la necesidad de reconocer los cambios externos y modificar el interior de nuestro cuerpo en relación a éstos.

Por ello nuestro cuerpo cambia continuamente y de un modo significativo en un continuo proceso de adaptación a cada elemento externo: cada mínima decisión que tomamos en nuestra vida nos transforma al instante. Y esto sucede independientemente del hecho que nos demos cuenta o no.

Pero si es verdad que el sistema nervioso ha sido concebido para cambiar el mundo interno en relación al mundo externo, tal vez haya llegado el momento de utilizarlo también en el otro sentido: para tener alguna indicación sobre cómo cambiar el mundo externo en relación al interno. Es decir, para no ser sólo nosotros los que nos adaptamos a las ideas mentales y abstractas que tenemos sobre la educación, el trabajo, las relaciones personales, la sexualidad, la arquitectura, la moda etc., al contrario, para empezar a permitirnos cambiar estas ideas en base a lo que nuestro sistema nervioso nos desvela a través de nuestras reacciones internas.